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Por María Elisa Ghea*

La Ley 13.010 del voto femenino en la Argentina sancionada el 9 de setiembre de 1947 y promulgada el 23 del mismo mes por el gobierno de Juan Domingo Perón luego de una fuerte pugna de resistencias políticas, sociales y culturales que tuvo que emprender su compañera Evita para lograrla, significó la puesta en valor y la reivindicación de las potentes luchas de las mujeres que desde finales del siglo XIX venían reclamando por sus derechos cívicos.

Mujeres anarquistas, socialistas y radicales entre otras, durante décadas se organizaron reclamando igualdad en el ejercicio de los derechos cívicos. Sin embargo, las resistencias políticas del momento negaban toda posibilidad de que las mujeres pudieran disputar esos espacios del poder que le correspondían sólo a los varones, y en especial a los de las clases acomodadas y dominantes.

Estas mujeres organizadas y movilizadas en diferentes espacios ideológicos, si bien durante las primeras tres décadas del siglo XX habían logrado algunas victorias de sus reclamos en lo que refería al voto femenino, aún faltaba su legitimidad mediante una legislación que las reconociera como sujetos de derecho, no sólo para sufragar sino, además, para participar de manera activa en la toma de decisiones y del hacer político.

Con avances y retrocesos durante los años anteriores a la sanción y promulgación de la ley 13.010 en 1947, mujeres de la talla de Alicia Moreau de Justo y Julieta Lanteri, habían iniciado el sinuoso camino hacia una sanción de Ley de voto femenino. Fueron más de 20 proyectos los presentados entre 1911 y 1939, pero a pesar de su activismo no contaron con el apoyo del Congreso de la Nación para sancionar una ley al respecto.

Fue durante el primer gobierno de Perón, que Evita empoderada y autodefinida como una compañera del pueblo, comienza su contienda en los pasillos del poder para lograr que las mujeres, que habían sido discriminadas y postergadas como sujetos políticos, como primer desafío en la ampliación de derechos y reconocimiento, pudieran votar en la Argentina en las elecciones presidenciales de 1951.

Será recordado por siempre aquel discurso de Evita de 1946 en el cual dijo «Mujeres de mi patria: recibo en este instante de manos del gobierno de la Nación la ley que consagra nuestros derechos cívicos. Y la recibo entre vosotras con la certeza de que lo hago en nombre y representación de todas las mujeres argentinas, sintiendo jubilosamente que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria. Aquí está, hermanas mías, resumida en la letra apretada de pocos artículos, una historia larga de luchas, tropiezos y esperanzas. Por eso hay en ella crispación de indignación, sombra de ataques amenazadores, pero también alegre despertar de auroras triunfales. Y eso último se traduce en la victoria de la mujer sobre las incomprensiones, las negaciones y los intereses creados de las castas repudiadas por nuestro despertar nacional».

Evita no descansó entre 1946 y el 9 de setiembre de 1947 para que el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación Argentina sancionaran la ley 13.010, cuyo contenido más importante de los siete artículos que la componen está en el primero “Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos.

Hoy, 23 de setiembre de 2019, «Día Nacional de los Derechos Políticos de la Mujer», se cumplen 72 años de la promulgación de la Ley 13.010 que instituyó el voto femenino en la República Argentina. Una fecha no poco significativa teniendo en cuenta el contexto actual en el cual las mujeres continúan dando muchas y diversas batallas materiales y simbólicas. Una actualidad en la que los derechos de las mujeres aun siguen siendo discriminados y postergados por la política machista y patriarcal. Por suerte las mujeres, al igual que lo hizo Evita, no claudican y siguen haciendo y manifestándose en los diversos ámbitos en los que las encuentre las circunstancias injustas. Y están ahí diciendo Mirá como nos ponemos; Ni una Menos, basta de feminicidios. Reclamando por igual remuneración y derechos laborales, por la justicia social y la inclusión. Como lo hizo Evita por la ley del voto femenino, la consigna es ¡Hasta la victoria siempre!

*Profesora de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.